Exposición gradual
En general, sentimos miedo frente a las cosas nuevas, la incertidumbre de no saber qué va a pasar, dispara a nivel fisiológico y cerebral los mecanismos del miedo, avisándonos que la situación es desconocida, no puedes prever el resultado ni el peligro que encierra, por tanto, tu cerebro, que es bastante miedica y que ha evolucionado para la supervivencia, te dice: mejor evitarlo. Sin embargo, las consecuencias de atrevernos a hacer algo que en principio tememos o desconocemos, no suelen ser tan graves ni comprometen nuestra integridad física. Es cierto que no siempre va a salir bien, pero el atreverse a hacer algo que tememos, aporta una experiencia valiosa en sí misma y aumenta nuestra capacidad de autoeficacia, seguridad y confianza y permite el desarrollo de nuevas competencias.
Es por este motivo por el que la exposición, de forma planificada y terapéutica, en la que proponemos y acompañamos a la persona a acercarse progresivamente a las situaciones temidas, sensaciones físicas y pensamientos que los boicotean, proporciona la oportunidad de aprender y descubrir que:
- Puedes tolerar el miedo y todo lo que implica.
- El miedo puede cambiar con el tiempo y de un momento a otro.
- Las sensaciones físicas no son necesariamente peligrosas.
- Sus predicciones pueden no cumplirse.
- Puede afrontar situaciones que antes evitaba.
- Puede recuperar actividades importantes para su vida.
El objetivo no es obligar a la persona a enfrentarse bruscamente a aquello que teme, aguantar o demostrar valentía, es ofrecer un aprendizaje valioso que puede emplear en distintas situaciones, mantener y generalizar en otros contextos.